Siento la espiral enrollándose dentro de mi. Luego se desenrolla, se expande y contrae en los rincones de mis adentros. La espiral está ahí, perro enfadado, prisa maldita, ansia continúa. Sabor de domingo tarde, vacío y agonía. Por ir a ninguna parte, o a cualquier lado. La digestión, desde siempre delicada, más vulnerable a los estímulos externos y emocionales de lo que me gustaría, inquieta los adentros.
Me gusta vivir cuando vivir es reír y cuando no simplemente existo.

L.B

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