La presencia. Algunos seres la expanden de una forma inolvidable. Se queda ahí como una sombra apoyada en un mueble, cuando atardece y el sol está a medio bajar. Hay seres que hacen ruido, respiran en alto y cuando están en tu vida se nota que están. Y luego cuando no, la presencia se queda. Ese hueco en el sillón. La alfombra que era pisada, el barrer los restos cada dos días de la vida vivida. Porque vivir ensucia.
La presencia. Esas fotos mentales, olores que acompañan texturas y que suenan como una canción cuyo nombre no volverás a recordar del todo y por lo tanto, te condena a repetir una y otra vez en tu mente. El único espacio de reproducción de recuerdos posible. El tocadiscos que funciona con o sin disco, que con la simple presencia recrea lo que el mundo ya no permite. Proyecta lo efímero y lo extinguible, como si no lo fueran. La presencia.

L.B

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