Uno de ellos.

Palpo la sensación de ser como uno de ellos. De estar en un vagón, y que un pequeño rayo de sol me atraviese, por unos instantes, y que no me de calor aunque un poco de felicidad. Ansío sentirme como uno de ellos.
Las cafeterías de los trenes siempre me han parecido lugares bonitos. Aunque a veces viejas y sin muchas posibilidades de gustar, son ambientes tranquilos, donde uno puede sentirse fuera, parte del paisaje, y a la vez saber que está dentro, protegido por la velocidad, aunque abrazado por los rayos del sol.
Las plantaciones nunca han llamado mi atención. Es ideal tenerla en mi entorno porque no hace que mi vista se desvíe a ningún tipo de vegetal verde y brillante.
Me dirijo al Norte. Y cuanto más al Norte voy más al Norte quiero ir, y ser como uno de ellos. Pero, es imposible ser como uno de ellos ¿verdad?
El paisaje mejora, pero ya me cansan mis pensamientos. Me entran ganas de insultar a un par de personas, quizá más.
Pero la culpa es mía y de la vida, y me quiero demasiado como para insultarme así.
No sé por donde voy, hace 15 minutos pasaba por el mar y ahora es todo suburbio y feo.
El tren va a Montpellier, pena que yo de esta vez no cruce la frontera. Paciencia, 10 días.
La batería de esto se acaba, y me veo obligada a volver al asiento raso y discreto, y aburrido. Adiós cafetería, siempre tendrás ese encanto que hace que me acuerde de ellos, y que quiero ser como ellos, y de todos los viajes que aún no he hecho y lugares que aún no he visitado, pero que amo, como ellos amaron.



L.B

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