La anciana pez globo.

Era una mañana ajetreada y mi cuerpo estaba más que apalancado en una silla incómoda al pie de una cama de hospital. Mis ojos entrecerrados reflejaban la división de mi mente entre el sueño y la lucidez pero mantenía una conversación con el amigo enfermo. Habíamos llegado hacía poco a aquella sección del hospital y era un estado indefinido. Sus dolores no eran tan fuertes pero la incerteza de un diagnóstico y la posibilidad de una intervención esculpían en su cara preocupación y miedo. 
Las camas estaban separadas por cortinas y biombos y el pasillo estaba tranquilo. Estábamos cansados de esperar. Pero no éramos los únicos. Del lado opuesto al nuestro, cruzando el pasillo, en una cama estaba una anciana retorcida. Tenía la cara hinchada, no por enfermedad sino por simple constitución física, y se quejaba. Le dolía la espalda y su hija, intentaba que se callara diciendo que los médicos ya vendrían. La anciana recurría a una especie de drama, posición victimista, y el mal humor y la falta de paciencia y la amargura aumentaban en el ambiente.
Yo hacía bromas para tranquilizar a mi amigo respecto a sus dolores, y casi pegándome me decía que parara pues con sólo reirse le dolía todo. En cambio yo no podia dejar de pensar respecto a la anciana pez globo. Una anciana enferma, una hija que la cuidaba como si de una carga se tratase. Esa historia me sonaba y de hecho pensé: da igual en que parte del mundo estés, la historia es siempre la misma aunque los personajes que la interpreten sean otros. La hija luchaba consigo misma. Su madre, la que la trajo al mundo, la que le dedicó horas de atención, cariño y otros cuidados, ahora clamaba un calmante para su dolor en la cama. Ella, como hija, se sentía en el deber de cuidarla, pero por su mente pasaria una especie de frase, frase que repetía para sí misma: ¿ por qué tengo que perder tiempo de mi vida en cuidarla, ahora que me he formado y tengo el derecho de construir, nada más y nada menos que mi propria vida? Le estoy agradecida por todo lo que me dió, por sus cuidados, pero, ¿de verdad tengo esta ''obligación''? Sí, su cabeza le decía que sí. 
Yo no sé si la hija tenía que cuidar todo el día de su madre. No sé si la anciana era insoportable o si había sido una mala madre. No sé si era la hija o la madre, o ninguna, las culpables o las injustas. 
Pero me hizo cierta gracia, cuando ya el médico había venido y la anciana agradecía tal gesto, que para mal o para bien era consciente de lo que significaba su situación. 
'' Por eso quiero morirme. Para que no tengas la obligación cuidar de mí.'' Así lo dijo. Pero lo que más me sorprendió fue la contestación: ''yo también quiero morirme.'' No sé porque lo decía, pero lo dijo de forma infeliz, y eso me sumió más todavia en mí. Me hundí un poco más en la silla incómoda y preferi dejar de oír a la anciana y a la hija. Ya tenía un texto sobre el que hablar. Ya tenía materia sobre la que reflexionar. Y también tenía sueño y preocupación por mi amigo, asi que ya eran suficientes cosas en mi mente.
No importa en qué parte del mundo estés. Cuando has visto sitios distintos es cuando te das cuenta de lo iguales que somos todos. Nuestros problemas, dudas, preocupaciones, sentimientos.
Y la anciana pez globo y su hija eran simplemente otros actores representando la misma obra que el resto de la humanidad.

L.B

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